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viernes, 6 de mayo de 2016

Caída y ascenso del Cóndor

UNIDAD EDUCATIVA “LA SALLE”
RESUMEN DE UN CUENTO DE CÉSAR DÁVILA ANDRADE:
“CAÍDA Y ASCENSO DEL CÓNDOR”



Oh, Pachacamac, Señor del Universo,
Nunca sentimos más helada tu sonrisa,
Y al páramo subimos desnuda tu cabeza,
A coronarnos, llorando con tu sol”.
“Boletín y Elegía de las Mitas”.
César Dávila Andrade.

Y es precisamente en aquel páramo donde se siente más helada la sonrisa de Pachacamac, Señor del Universo, en aquel risco elevado  donde anidan los cóndores, aves mitológicas de los pueblos aborígenes andinos, que se desarrolla una especie de ritual mágico, ante los atónitos ojos de los habitantes de nuestra  América india, la caída y ascenso del cóndor, que con sus alas desplegadas al viento que sopla en las cordilleras, después de sufrir un desplome mortal que es el preludio de una agonía prolongada de los dioses andinos:  los cóndores que al desplegar sus alas en un esfuerzo titánico se elevan con dirección a los cielos como dioses que anidaron en los riscos misteriosos; y,  cobijados por el padre sol, proyectan su sombra en los pajonales solitarios, como volando  por sobre el misterio de la vida y de la muerte.

Así, hacia el páramo, con la cabeza desnuda, el cóndor sube en alas de la soledad, para alcanzar fronteras celestiales, donde anidarán su esperanza de levantar nuevamente el vuelo como dioses infinitos del universo que al desplegar sus alas durante la agonía, se inmortalizan en esa realidad, magia, fantasía y ficción que perfila el vuelo de aquellas alas negras por sobre las mezquindades del mundo en busca de nuevas geografías donde habitan quienes se elevan sobre las contradicciones del entorno social.

En la Caída y ascenso del cóndor, César Dávila Andrade aborda un mundo que va más allá de lo físico, porque fundamenta su relato en la leyenda aborigen que considera al cóndor como un mensajero de los dioses, es el lazo que une a los hombres con los dioses. Es el mensajero entre el indio, auténtico señor de la tierra, con aquellos dioses milenarios. El cuento toma como referente la leyenda que relata la agonía del cóndor que al sentirse viejo se eleva hacia la cumbre más alta y se lanza en vuelo suicida hasta hundirse en el barranco.

Este hecho conlleva  la interpretación de un simbolismo ritual, es la representación del retorno hacia el nido que espera entre  los riscos andinos para renacer y emprender nuevos vuelos, que perfilarán los sueños que enriquecen  la cosmovisión de los aborígenes que invocan a Pachacamac, el señor del universo, en la conjunción de la existencia con la agonía de los cóndores en el renacer por siempre de la leyenda…


Ena Ruth Espín López.

PACTO CON EL HOMBRE

Club de Maestros Lectores La Salle – Conocoto
Micro-ensayo del cuento de César Dávila Andrade:

PACTO CON EL HOMBRE



<<Si pudiera abandonar mi alma en algún lugar del espacio y
conducir luego a mi cuerpo de algún modo vacío y despreocupado, por esas calles>>.

Los personajes de Dávila Andrade tienden a la búsqueda de <<lo infinito>> como en el caso del relato “Pacto con el Hombre”, donde se narra cómo un espíritu entra al cuerpo de un ser humano con el único fin de conocer las sensaciones humanas; y, liberar de ellas al hombre. Esta idea puede resultar inimaginable para las ciencias físicas o químicas, pero no para la literatura y lo que se podría llamar “ciencias del espíritu”, de las cuales Dávila Andrade parece conocer muy bien. Analicemos un poco más el argumento del relato.

Decir que los personajes del autor buscan lo infinito no es decir gran cosa. Pero si tomamos en cuenta el detalle de las consecuencias que esto conlleva, sobre todo para la reflexión espiritual, nos traslada al campo estético. ¿Cómo podría ocurrir esto? El relato tiene dos personajes: el humano y el luciferino. Al primero llamemos “X” para facilitar el argumento.

El relato expresa las limitaciones del cuerpo, de la carne, de los sentidos, de la fisiología humana para experimentar lo espiritual. X solo podrá tener recuerdos certeros de esas experiencias espirituales, no mundanas, al liberarse de su cuerpo y vivir solo en alma. Nótese un detalle más, X no vende su alma, no entra en un cambio comercial con el mundo luciferino, sino que solo libera su alma del cuerpo, nada más. Esto nos indica que la intención del autor es caer en cuenta de la experiencia no carnal que puede alcanzar el ser humano, misma que no se lograría si el pensamiento solo se ocupa de lo mundano. Se debe pasar de lo carnal para pasar a lo espiritual, a lo estético.

Las señales de lo infinito están expresadas en el relato por el personaje luciferino. Él entra en el cuerpo humano de X y siente, en el pleno sentido de usar los cinco sentidos. Desde el inicio de su experiencia en el interior de la carne ya siente el encierro. No tiene la sensibilidad espiritual que antes disfrutaba. Las necesidades humanas le invaden, pero las rechaza. Por ejemplo, siente hambre pero no la acepta, no quiere rendirse ante los ardores humanos. Todas las experiencias del personaje luciferino encaminan a la añoranza por lo espiritual.

El relato indica que X no soportará estar encerrado en el tejido humano después de haberse liberado de él, aunque fue solo momentáneamente. La percepción de lo espiritual es estética, es decir no material. X buscará su liberación. Y sin embargo ahí está la vulnerabilidad del personaje X, en doble sentido. Primero porque como humano no tiene capacidad de percibir lo espiritual; y, si lo más importante para dar sentido a la vida es “lo espiritual”, tenemos una primera deficiencia de X en general, como especie humana. Segundo, porque según se sugiere X toma la ruta más cercana, la ventana que está junto a su cama, para salir de la carne humana. Pero, y si el invadido hubiese sido un sacerdote, pastor, académico, filósofo; ¿habría pasado lo mismo? Es probable que no tan fácil. Un personaje religioso o filosófico habría reflexionado profundamente antes de actuar como lo haría X; es decir, esos personajes no se permitirían ser vulnerables.

La reflexión de Dávila Andrade sobre lo espiritual y lo vulnerable es frecuente en sus personajes.


JAVIER CHILIQUINGA